Amigas Cuando éramos jovencitas, mis amigas y yo íbamos todos los sábados a un karaoke después de cenar. Era un sitio estupendo, muy grande, con enormes focos de colores, donde se reunía mogollón de gente que cantaba y bailaba lo que le venía en gana. A todas, incluida Trini, la muda, nos volvían locas las sevillanas. Cada una hacía lo que podía, borrachas perdidas como íbamos: nosotras cantábamos y la mudita, con el coño, batía palmas.
Salvador Alario Bataller

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