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EL BAILE DE LA VICTORIA (FRAGMENTO)

Septiembre 21, 2009 · Dejar un comentario

 

-         ¿Querís un chiclet?

-         Bueno –dijo Ángel

-         Tomó uno y el sabor a menta Adam´s se esparció por su lengua. La mujer le puso una mano en la rodilla.

-         ¿Primera vez que venís aquí?

-         Sí.

-         ¿Conocís las tarifas?

-         No.

-         Te dejo que me agarrís las tetas y me metái el dedo en la chucha por tres mil pesos, ¿ya?

-         ¿Aquí mismo?

-         Ando en pelotas debajo del abrigo. Los cuadritos y el sostén los tengo en la cartera. Siempre traigo chiclets de menta porque a veces  los huevones andan con mal aliento. Aquí a los clientes les gusta mucho el trago.

-         La verdad, oye, es que yo no vine para esto.

-         No me vayái a decir que eres fanático del séptimo arte.

-         Lo que pasa es que ando buscando a alguien.

-         ¿A quién?

-         A mi hermana. Dijo que vendría al cine y no sé si es éste.

Un hombre robusto se sentó en la punta de la misma hilera y los resortes del butacón rechinaron bajo su peso.

-         Aquí vienen puras putas, cabrito. Anda a buscar a tu hermana en la parroquia. Queda a la vuelta de la esquina.

-         Es que se trata de un problema serio, oh. Tengo que encontrarla y avisarla de que la mamá está enferma.

La mujer encendió un fósforo y con la débil llama le miró atentamente los rasgos de su faz hasta que el fuego le quemó las yemas y tiró el palito calcinado al suelo.

-         P´tas que soi lindo, huevón.

-         No digái eso, ¿querís?

-         ¿Tenís dado vuelta el paraguas?

-         ¿Yo? Me vuelven loco las mujeres.

-         Y entonces aprovecha, caurito. Te dejo que me besís y me mordái los pezones.

-         Es que ando pato.

La mujer se apartó ofendida e hizo sonar unas abundantes pulseras doradas que adornaban sus muñecas.

-         Lo que pasa es que me encontráis muy vieja.

-         Chís, si ni te he mirado.

-         Cáchate las mensas tetas que tengo. No como la mina de la película, que parecen dos uvitas no más.

Con un sorpresivo movimiento raptó una mano del chico y la condujo por todo el volumen de sus pechos.

-         Están ricas.

-         Duritas, ¿te fijaste?

-         Sí.

-         Te dejo que me las chupís por dos lucas. Todo el tiempo que querái.

-         Te dije que no tengo plata, oh. Estoy pato y cesante.

Ella se puso en pie. Se pasó la lengua por los labios y le pinchó la nariz, como regañándolo.

-         Los cines para maricones están en el Pasaje de Catedral. No volvái por aquí.

 

He visto que Fernando Trueba (el hombre que ve a Wyoming con el ojo izquierdo y Telecinco con el derecho -¿lógicamente?-) ha hecho una película con pasajes tan divertidos como éste y otros un poco más tristes pero igualmente entretenidos y sabrosos. Es verdad lo que dice de que el libro tiene película. Ojalá le haya salido bien y podamos disfrutar de un buen rato en el cine.

P.S: “El baile de la Victoria” fue escrito por el chileno Antonio Skármeta. Los dos obtuvieron el premio Planeta en 2003. 

 

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