- ¿Querís un chiclet?
- Bueno –dijo Ángel
- Tomó uno y el sabor a menta Adam´s se esparció por su lengua. La mujer le puso una mano en la rodilla.
- ¿Primera vez que venís aquí?
- Sí.
- ¿Conocís las tarifas?
- No.
- Te dejo que me agarrís las tetas y me metái el dedo en la chucha por tres mil pesos, ¿ya?
- ¿Aquí mismo?
- Ando en pelotas debajo del abrigo. Los cuadritos y el sostén los tengo en la cartera. Siempre traigo chiclets de menta porque a veces los huevones andan con mal aliento. Aquí a los clientes les gusta mucho el trago.
- La verdad, oye, es que yo no vine para esto.
- No me vayái a decir que eres fanático del séptimo arte.
- Lo que pasa es que ando buscando a alguien.
- ¿A quién?
- A mi hermana. Dijo que vendría al cine y no sé si es éste.
Un hombre robusto se sentó en la punta de la misma hilera y los resortes del butacón rechinaron bajo su peso.
- Aquí vienen puras putas, cabrito. Anda a buscar a tu hermana en la parroquia. Queda a la vuelta de la esquina.
- Es que se trata de un problema serio, oh. Tengo que encontrarla y avisarla de que la mamá está enferma.
La mujer encendió un fósforo y con la débil llama le miró atentamente los rasgos de su faz hasta que el fuego le quemó las yemas y tiró el palito calcinado al suelo.
- P´tas que soi lindo, huevón.
- No digái eso, ¿querís?
- ¿Tenís dado vuelta el paraguas?
- ¿Yo? Me vuelven loco las mujeres.
- Y entonces aprovecha, caurito. Te dejo que me besís y me mordái los pezones.
- Es que ando pato.
La mujer se apartó ofendida e hizo sonar unas abundantes pulseras doradas que adornaban sus muñecas.
- Lo que pasa es que me encontráis muy vieja.
- Chís, si ni te he mirado.
- Cáchate las mensas tetas que tengo. No como la mina de la película, que parecen dos uvitas no más.
Con un sorpresivo movimiento raptó una mano del chico y la condujo por todo el volumen de sus pechos.
- Están ricas.
- Duritas, ¿te fijaste?
- Sí.
- Te dejo que me las chupís por dos lucas. Todo el tiempo que querái.
- Te dije que no tengo plata, oh. Estoy pato y cesante.
Ella se puso en pie. Se pasó la lengua por los labios y le pinchó la nariz, como regañándolo.
- Los cines para maricones están en el Pasaje de Catedral. No volvái por aquí.
He visto que Fernando Trueba (el hombre que ve a Wyoming con el ojo izquierdo y Telecinco con el derecho -¿lógicamente?-) ha hecho una película con pasajes tan divertidos como éste y otros un poco más tristes pero igualmente entretenidos y sabrosos. Es verdad lo que dice de que el libro tiene película. Ojalá le haya salido bien y podamos disfrutar de un buen rato en el cine.
P.S: “El baile de la Victoria” fue escrito por el chileno Antonio Skármeta. Los dos obtuvieron el premio Planeta en 2003.

0 respuestas hasta el momento ↓
Todavía no hay comentarios... Empiece usted rellenando el siguiente formulario.