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ÁGORA. Una opinión.

Noviembre 7, 2009 · Dejar un comentario

Antes de dar mi opinión sobre Ágora creo que será mejor aclarar algo: puedo ser muy despistado. A veces oigo las cosas hasta la mitad o retengo datos totalmente inciertos y los doy por verdad. Qué se le va a hacer: yo no sabía que Ágora duraba -¿tan sólo?- dos horas. En alguna parte debí entender algo de un metraje absolutamente insano y durante semanas he estado evitándola sólo por eso. Pero no he podido resistirme, quería tener mi opinión en el asunto y lo he conseguido. No soy crítico de cine. ¿Pruebas? La frase tan peregrina e insulsa con que voy a empezar: la película se deja ver. Y es que muchas personas de las que me fío me la habían puesto tan mal que ya estaba por esperarme al videoclub. Ni tan larga ni tan lenta. Sí me voy con la impresión de ver una película de buenos y malos, de personajes quizá, como suele decirse, algo planos. Eso siempre me deja mal sabor, sensación de irrealidad. En el fondo es darlo masticadito. Claro que esto tiene sus ventajas cuando quieres lanzar un mensaje: todo queda muy claro. Se digiere bien. Y yo además, hasta mira, creo que Aménabar tiene un buen propósito. Sí sí. El mío no es descubrir América. Amenábar critica el fanatismo religioso. La imposición violenta de las creencias por parte de los que hasta hace nada habían sido perseguidos y violentados. Y de paso pone por las nubes las bondades de la razón y de la ciencia y del espítiru crítico y de la autonomía a la hora de actuar. Supongo que lo habrá dicho en tantas entrevistas que hasta me da un poco de cosa el repetirlo. Es así. Y eso creo que queda claro y lo hace bien. Yo no pienso que una película tenga que contar verdades históricas, para eso están los documentales. Pero mira, Alejandro, es que joder, últimamente las causas razonables las estás apoyando en personajes que no dan la talla. Porque lo siento, pero tu Hipatia no me emociona. Porque te estás empeñando en encumbrar a héroes fríos, que de tan fieles a su conciencia y a sus creencias y a su forma de ver las cosas al fin resultan tan intransigentes como los que criticas. Es que acaban por no ver a la gente que tienen delante y, vaya, resulta muy difícil emocionarse con ellos. Ya te pasaba con Sampedro, que bien mirado era un gruñón y un cascarrabias y un tío que sólo veía en la gente instrumentos para matarse. Sampedro me cayó fatal. Hipatia no me emociona. No me cuadra una obsesa de la ciencia -por muy certera y atrevida que sea- para combatir el fanatismo religioso. Y sin embargo hay hombres que se enamoran de ella y entonces la película funciona por un momento y hasta se puede echar una lagrimilla. Cuando velan por alguien que no es capaz de amar y que ya no ve más que sus elipses y sus sistemas astronómicos . No quiero aburrir con detalles.  Sólo diré lo triste que es recordar que cuando los Estados están flojos todo queda en manos de la turba y de los aprovechados que la dirigen, y ya no se sabe qué es peor.  Que hay que mirar con lupa a quien dice hablar en nombre de Dios. Y que no ha habido ningún plano que me haya quedado diciendo, joder, qué bueno. Porque lo de la imagen de la Tierra, de alejarse de lo que sucede, de tomar distancia, de relativizar, lo he visto en tantos forwards que no creía que te atrevieras, Alejandro. Aunque a veces no está mal que nos lo recuerden.

Puede que no sea una obra maestra, pero bien mirado, para lo que se hace, y con las cosas que nos hemos tragado, ¿por qué no?

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